Había una vez un príncipe llamado Mauri, quien gobernaba un montón de mini reinos del padre, hasta que un día se ganó un reino más grande para él solo. Como él era nuevo en ese tipo de gestión, no sabía muchos que hacer y por eso tomaba algunas decisiones que no eran las más adecuadas.
Por ejemplo una vez vetó una ley (2722) que establecía límites a la construcción de torres en la zona de caballito. Lo notable del veto parcial fue que no consideró dos variables claves: una que la ley había sido votada por unanimidad en la Legislatura y la otra que la misma había pasado por un proceso de consulta con los vecinos de la zona que venían reclamando la limitación en la construcción de torres desde 2006.
Alemán & Tsebelis (2005: 4) sostienen que “
when presidents are
allowed to return a
modified bill to Congress for a
last round of voting,
the strategic interaction between these actors becomes
strikingly different than under the more familiar ‘
package’
or ‘
block’ veto”. En el veto tradicional el PE puede dividir los proyectos sancionados entre aquellos que cuentan con el apoyo de una mayoría capaz de revertir su veto de aquellos que no tienen esa mayoría. De esta forma sabe que puede vetar cualquiera de éstos último y mantener el
status quo (
SQ), mientras que no puede optar por esa opción en el primer caso. A pesar que el Jefe de Gobierno no puede modificar el texto, el veto parcial permite-eliminando ciertos artículos- dar una nueva forma a la ley. La eliminación de palabras, frases y artículos de las leyes, las cuales requieren una mayoría calificada de votos en la Legislatura para ser restituidas, le permite al PE realizar cualquier modificación a un proyecto sancionado dentro del marco del
NQ (B). Es decir que ante un proyecto B sancionado por el
PL, el PE puede observando ciertos elementos llevar la propuesta a un punto más próximo a su preferencia como puede ser D o C.
Retomando el caso de nuestro amigo, Mauri no se había dado cuenta que este proyecto que se dispuso a tocar entraba dentro del marco de W(B). La consecuencia de esta lectura rápida, fue que la parte más importante de su veto fue revertida gracias al voto de 56 legisladores (muchos de ellos de su propio bloque) y él quedó como el malo de la película.
Moraleja: antes de tocar una ley polémica, mejor tener claro que los legisladores no te la van a dar vuelta.